Amantea

“El médico es el familiar de la muerte. Cuando llamamos a un médico le pedimos que nos cure o  alivie nuestro sufrimiento, pero si no puede curarnos también le pedimos que sea testigo de nuestra muerte. El valor del testigo es que ya vio morir a muchos otros […]. Es el intermediario viviente entre nosotros y los innumerables muertos. Está con nosotros y estuvo con ellos, y el consuelo difícil pero real que los muertos ofrecen por su intermedio es el de la fraternidad.”

Iona Heath citando a John Berger. Aprender a morir.

Somos testigos de muertes ajenas mientras hacemos crecer el listado de experiencias propias que nos hagan ser mejores testigos en un futuro (incluso cuando sea esa muerte la nuestra).

En atención primaria, la muerte es la única condición que nos hace darle el alta al paciente. Muertes que nos acercan a la familia mientras recordamos vivencias pasadas…

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